De todas las formas de morir, elegí amarte a la distancia.
sábado, 19 de octubre de 2013
viernes, 11 de octubre de 2013
Viernes
Hoy intuí la llegada inminente de una época difícil, te supe triste y enmudecí desde el gérmen de mis palabras.
Mi respuesta más cobarde e inmediata fue pensar en marcharme. Qué más daba si te enfrentabas sólo a ese abismo de días fotocopiados, no sería la primera vez y probablemente tampoco la última.
Luego se me ocurrió que podría impedir tu tristeza, que cortaría de tajo el fino hilo que te conecta al recuerdo de cuatro años perdidos con mis tijeras de encanto.
Finalmente llegaba la hora de separarnos. Me arranqué el corazón por si el tedio detenía los latidos del tuyo. Te besé poco. Me repetí que mañana sería otro día pero eso no alteraba la ola intempestiva.
Que me parta un rayo si alguna vez te dejo solo.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Miércoles
La distancia nos pesa y tú ceses que hablar sobre el futuro hará que se nos olvide el día extra separados.
A mí qué me importa si nos casamos en unos diez años o si podemos empezar a vernos entre semana en tres. Hoy te extraño y no estás. Y tampoco vas a estar mañana ni pasado.
Amar es esperar (?)
miércoles, 28 de agosto de 2013
Nota suelta.
Hoy me desperté cansada -últimamente me pasa mucho- y la cama me pareció absurdamente grande.
Sentí que la mitad de colchón que yo no ocupaba aún tenía tu silueta intacta. Más que sentirlo, me gustó pensarlo. Nunca has dormido en mi cama; ella sólo intuye tu aroma por las sudaderas con las que me paseo por la casa antes de dormir -pero ya en pijama-, esa ropa tuya que todavía lleva el roce de tu piel con la tela, impregnada en las mangas.
Me dobla el ánimo oler tu ropa.
Saber que tú también usaste esa prenda y que si yo la uso, podría ser que tu fantasma entre en mí y me consuma. Que me posea y queme mis apuntes y empaque mis cosas y me lleve hasta ti.
Sí, tener ropa tuya resulta contraproducente la mayoría del tiempo.
domingo, 25 de agosto de 2013
La magia del pluscuamperfecto
¿Conoces el pluscumperfecto del subjuntivo?
Es un tiempo verbal, para no enredarte -y porque en realidad no es muy complicado- lo resumo en el hubiera. Es pluscuamperfecto por que es más que perfecto -las suposiciones hipotéticas siempre lo son- desde su raíz: plus quam perfectum.
Ese tiempo verbal es tan bello que hay filósofos que dedican ensayos a él, a explicarlo, a engrandecerlo, a explicar cómo y por qué nos hace felices al mismo tiempo que nos destruye.
Yo sé que tú eres mi pluscuamperfecto.
Lo sé porque soy como una inválida -que el Teletón me perdone por tal paralelismo- que supone cómo serían las cosas si la extremidad perdida volviera.
Vivo creando situaciones hipotéticas sobre cómo sería si estuvieras ahí, conmigo. Me imagino qué dirías, el volumen de tu risa, tus respuestas camino a casa. Pero, igual que un inválido, sé que si estuvieras conmigo probablemente las cosas cambiarían drásticamente y se hace imposible.
Eres mi pluscuamperfecto, el fantasma que puebla los instantes con recuerdos, con suposiciones.
Eres la posibilidad infinita de un tiempo tangente al que vivo, de una versión diferente de mí misma.
Te amo porque nunca estás ausente a pesar de los kilómetros que nos separan los días hábiles de la semana. Te encuentras eternamente abrazado a mi vida que ya no es sin ti.
Duermo como si te hubieras quedado conmigo, despierto extrañándote como si te hubieras ido a la escuela antes que yo -y por pura educación, no me hubieras despertado-, pero eso sí, y que te quede claro, vivo proyectando un futuro, como si ya nos hubiéramos casado.
viernes, 23 de agosto de 2013
Ese sentimiento de viernes por la tarde
Parezco alma llevada por las aguas del Aqueronte los viernes en la tarde, cuando salgo de la escuela y me subo a un camión lleno de solitarios, el estruendo silente de un autobús plagado de extraños me fastidia.
Llego a casa y espero encontrarte. Ojalá, pienso, todo este día haya sido una elaborada mentira, ojalá ni siquiera esté allá.
Pero no.
Mi casa está llena de nombres vacíos, de fantasmas que se pasean con el cigarro encendido por cada cuarto.
Tú eres uno de ellos.
Quizá no debería ponerme tan dramática.
Sé que siempre llegas varias horas después de lo planeado y no debería vivir exclusivamente esperando tu llegada.
Tendría que ponerme a trabajar, joderme más la vista leyendo cosas que no interesan, seguirme ganando la beca que siempre me gasto en ti... Corrijo, en nosotros.
Pero tú no sabes de ese sentimiento del viernes por la tarde.
Es como un nudo sensible que quema al mismo tiempo que revolotea, baila entre las paredes lacrimosas de las entrañas.
Y fumo por no llorar y digo que te extraño por no decir que me haces mal.
Sí, me haces mal los viernes por la tarde.
¿Para qué dices que volverás hoy y me pones nubes bajo los pies y urgencia en el reloj?
¿Para qué?
Ojalá tuviera el valor de prenderle fuego a mis libros, pedir el reembolso de mi colegiatura, empacar mis cosas, irme contigo.
Pero no puedo, ni siquiera sé si quiero.
Me invade una especie de valeverguismo que nunca imaginé tener hacia ti, pero a veces ya no puedo. A veces desearía no haberte conocido y seguir mi vida sabiendo que nadie me va a llamar y dejarme de circos. Pero te conocí y por ello pago un impuesto revolucionario que me rebasa.
Tal vez sólo sea el sentimiento de viernes por la tarde que me embarga cuando no estás.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Decir "Te quiero" sin palabras
Heme aquí una vez más, como niñita necia que se niega a ir a dormir, frente al monitor esperando un <<hola>> que probablemente tarde tres días en llegar.
Te escribo porque las compañías telefónicas son crueles -no dotan de saldo ilimitado a los enamorados- y mi presupuesto se va reduciendo por las recargas diarias -puto roaming-.
No sé, no me creas, pero yo recordaba estas semanas separados bastante diferentes. Según yo, se pasaban como olas de leche, ahora es miércoles por la madrugada y parece que los minutos se niegan a morir.
Ya quiero que sea viernes.
O sábado.
O el día que regreses.
Estoy atrapada en una sucesión de fotocopias temporales del lunes y sólo tú le das singularidad a todos esos días clonados.
Me siento triste porque de tanto fumármelo, me acabé el olor que dejaste impregnado en la sudadera gris que es tuya, la misma con la que me duermo, esa que nunca te vi puesta y que aún así tenía ese singular perfume que te adorna, ese que no lleva la marca del alcohol superpuesto, uno que sólo cuesta cuando se acaba el jabón o llega el recibo del agua.
Cuando me acabo de despertar estoy tan poco consciente de la realidad que por un breve, brevísimo instante, tengo la esperanza melancólica de abrir los ojos para encontrarte frente a mí, ya sin sentirte porque tus brazos se volvieron una extensión de mi cuerpo.
El despertar siempre es difícil.
Ojalá la estés pasando mal en el depa, que te quedes sin agua y las larvas otra vez invadan tu refri, que se te acabe el dinero y pierdas tu celular, que te pase todo lo malo para que regreses.
Miento.
No sé qué haría si algo te pasara. Prefiero que estés allá y que estés bien y feliz y salgas de fiesta con Paco y te sientes seis horas seguidas a oír hablar a un puñado de charlatanes. Sí, definitivamente lo prefiero.
¿Ya te diste cuenta que estoy escribiendo incoherencias?
Creo que es muy obvio que no sé cómo decirte "te quiero" sin escribir literalmente "te quiero", tal vez podría lograrlo de otra forma si estuvieras aquí...
Azul de distancia
Es un sentimiento extraño el de tenerte lejos.
Pero no es extraño porque te extraño sino por lo contrario.
En una placidez extrema, como si supiera que cuando termine la tarea al fin me encontraré contigo. Supongo que el truco de ese pensamiento es que nunca termino realmente la tarea.
Además, funciona como distractor cuando estoy esperando que mis amigos lleguen a la escuela y entonces -para matar un par de minutos- te escribo un mensaje.
Pero no pienses que tu ausencia me es como un simulacro de soltería. La verdad es que con el terrible clima de tu pueblo -que también es el mío- me hacen falta tus risas.
lunes, 12 de agosto de 2013
Nota suelta
¿Recuerdas que te he dicho que a veces siento que llevamos más tiempo juntos?
¡Ahora sé por qué!
Noté, hace algunos días, que en cada mirada tuya se me van meses de vivencias. En un solo parpadeo tuyo vivo idas al cine, comidas, visitas a museos, charlas y un largo etcétera que provoca un afianzamiento del amor.
.:.Cada que te veo, así, de cerquita, te amo más.
Nunca me dejes de mirar, por favor.
domingo, 11 de agosto de 2013
El miedo
*Todo esto lo pensé bajó los influjos de esta canción: http://tinyurl.com/mlvvkay
A veces pienso que no puedo amarte.
Es decir, que puedo como cualquier humano puede hacerlo pero según mi lógica -difícilmente sustentable- no puede ser verdad que lo esté haciendo.
Para empezar, supongo que toda persona tiene una noción del amor aprehendida primordialmente por el ejemplo inmediato que dan los padres durante la infancia del sujeto. En mi caso, mis papás fueron la pareja mielsobrehojuelas, al menos eso recuerdo de cuando era niña. Fueron de esos matrimonios eternamente iluminados por la felicidad del enamoramiento, sí, peleaban de vez en cuando, pero nunca en serio, al menos no enfrente de mí. -Claro que luego supe que sí hubieron peleas fuertes pero mi cualidad de dormir como piedra impidió que me enterara.- Hasta ahí vamos bien, ¿no?
Bueno, luego vino el 2009, el año más largo de mi vida, el año que duró cuatro años. Un año por reconciliación, un año por separación. Y yo nunca he sabido qué pensar, sé que el amor se acaba. Lo supe entonces. Me di cuenta que en los cuentos de hadas el antagonista no siempre es una persona ajena a la pareja de enamorados, a veces los enamorados también son los malos. Aprendí que la infidelidad más grande que existe es dormir con los problemas irresolutos de casi veintitrés años.
En cuatro años desaprendí todo lo bonito que creí saber del amor. Me llené de contradicciones y de relaciones disfuncionales, de promiscuidad y de más contradicciones.
Si el amor era encontrar puntos en común para construir una vida juntos -juntos pero no pegados- no entendía por qué de un día para otro todo eso podía volverse materia inestable. Aún no lo entiendo y me aferro a la idea de que cuando dos personas se amaron seriamente en algún punto de la vida simplemente nunca termina, sólo toma pausas dolorosas.
Llegaste tú y te quise, supe que el deporte más extremo -excluyendo ser artista freelance- era sentir que sólo eres completo cuando una persona que está a más de sesenta kilómetros te abraza. Luego, quizá muy pronto, te amé. Te amé y tuve miedo a tu rechazo y a la posterior búsqueda de alguien que fuera una extensión de ti, a la búsqueda que consumió los cuatro años del 2009 y toda mi autoestima. Pero no fue una búsqueda de ti, fue del trauma de esa edad difícil. Miento, quizá sí te buscaba a ti.
Entonces, a poco más de tres meses de encontrarte choco contra el miedo. Temo no saber realmente qué es amor, no saber si realmente te amo, por lo tanto. Estoy aterrada y me hago chiquita cada vez que dices que me amas, ¿tú sí sabes qué es amar? Temo porque sé que amar es escuchar tu voz acabado de levantar -aunque sea por teléfono-, es hundirme en los cosmos que tienes por ojos y saber que yo nací ahí, es obviar el hecho de que el mejor perfume es desprendido por tu piel desnuda estremecida por mi tacto, es dibujar un futuro entre el dedo chiquito de tu pie y tu alma.
Un poema de Jorge Guillén
Carta urgente
Te has ido. Me has dejado solo frente al deseo:
Mi afición a mezclarte con todo lo que veo,
A seguir tu perfume por esa escalerilla
Que nos lleva hasta el piso de una verdad sencilla:
Nada más necesario, más dulce ni más justo
Que unir en el coloquio tu gusto con mi gusto.
Y mi gusto va a ti, que ya te llamas "Tú",
A quien digo: te quiero, je t´aime, I love you.
En cualquier lengua el verbo capital me conviene,
Y hasta muy bien callado también ti voglio bene.
Como aquí no te hallas, a este papel ahora
Le diré que eres tú quien tanto me enamora,
Y en esta soledad de diciembre quisiera
Dar a tu sola imagen valor de verdadera
Compañía. De modo muy leve me contento.
Vivimos en la forma precaria del momento.
Otra yo no conozco. ¿Soledades? Te has ido.
Ni tú ni yo sabemos de eclipse ni de olvido.
Ya no oteas quizá por el cristal del tren
El paisaje, tan tuyo. Y reclinas la sien
Para mejor soñar con los ojos cerrados.
Ah, tus ojos cerrados...Lo sé. No es que un abismo
Vaya a causarte vértigo. Nada existe a tus lados.
Quieres amar así. ¿Me ves? Soy tu amor mismo.
Fragmento de Xavier Velasco
Yo no sé si usted llegó a mi vida con la misión expresa de rescatarme de una guillotina inminente, pero es cierto que su llegada me salvó de escoger entre la muerte y la locura.
La locura: una cárcel distante cuyas puertas son tanto más nítidas cuanto menos uno se resigna a vivir en el horror. La locura no brota como una súbita infección en el cerebro. La locura es aquella enfermedad que sólo amenaza cuando ya sus uñas se han alojado en las entrañas, de modo que pelear con ella es también despedazarnos el vientre, oprimirnos los pulmones, perder el miedo a la muerte como se pierden la inocencia y el amor.
El amor es un bien que no he perdido. Cuando entre las condiciones que se le ponen al amor no se halla la correspondencia de quien se ama, y en realidad tampoco puede hallarse ninguna otra porque se ha decidido amar incondicionalmente, el amor, que por su propia vehemencia vive más allá de posesiones tan irrelevantes como el bienestar y la cordura, sólo puede perderse con la vida. No he muerto, luego amo.
Amo a una mujer a la que no conozco, y tal vez a ello se deba que no pueda cesar de contemplarla cada vez que la ausencia del mundo me brinda el anestésico de la soledad. Sé que esa mujer existe, podría dibujar la fachada de su casa donde vive y pienso, porque así aún lo quiero, que ocupo algún lugar en su memoria; pero a mí la memoria no me ha servido sino para frenar mis pasos, atar mis ojos al interior de los párpados y proyectar en ellos la película más obsesiva del mundo: Dalila.
Dalila es un nombre que no tiene cuerpo. Dalila es la palabra que a diario me visita pero jamás se queda a dormir. Dalila son seis letras formadas por cuchillos. Dalila es el principio de la música y el fin de la plegaria. Dalila es ese nombre que un día escribí en los muros de la casa de Dios; desde entonces acaricio su textura, tal como otros recorren con manos, boca y ojos a sus mujeres. Dalila se pronuncia degollando la lengua, y luego acariciándola. Es el nombre que tuve que inventar para ocultar al otro: el innombrable, aquél que sepulté para ya no decirlo ni pensarlo ni escribirlo. Y si hoy abandono mi juramento y escribo ese nombre en el sobre donde habrán de viajar moribundas de miedo estas palabras, lo hago con el solo propósito de que lleguen hasta usted, aunque con la secreta esperanza de que jamás lo logren. Quiero pedirle perdón por mi atrevimiento, por mi cobardía y por cada una de las debilidades que con seguridad me hacen indigno de habitar sus recuerdos. Pero antes de narrarle una historia que es más suya que mía, debo también pedir perdón por ella, por Dalila.
Dalila es usted.
The fall [11-08-13]
¿
Te dolió estar en el cielo
y caer sabiendo
que veinticuatro años después
estaría en la tierra,
esperándote
?
Música [09-08-13]
Al salir del salón escuché el sonido de una guitarra -no sé si sea impropio llamarle sonido y no música o melodía- y sentí lo mismo que cuando te veo.
Entonces, basándome en una lógica de silogismos simples, puedo decir que tú eres la música de mi vida.
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