miércoles, 28 de agosto de 2013

Nota suelta.


Hoy me desperté cansada -últimamente me pasa mucho- y la cama me pareció absurdamente grande.
Sentí que la mitad de colchón que yo no ocupaba aún tenía tu silueta intacta. Más que sentirlo, me gustó pensarlo. Nunca has dormido en mi cama; ella sólo intuye tu aroma por las sudaderas con las que me paseo por la casa antes de dormir -pero ya en pijama-, esa ropa tuya que todavía lleva el roce de tu piel con la tela, impregnada en las mangas.

Me dobla el ánimo oler tu ropa.
Saber que tú también usaste esa prenda y que si yo la uso, podría ser que tu fantasma entre en mí y me consuma. Que me posea y queme mis apuntes y empaque mis cosas y me lleve hasta ti.
Sí, tener ropa tuya resulta contraproducente la mayoría del tiempo.




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