Cartas a Emmanuel
Correspondencia extraviada para mi amor.
domingo, 2 de marzo de 2014
De haber sabido...
Si hubiera sabido el sábado pasado que no te iba a volver a ver, que no te llamaría "amor" de nuevo, que tus labios se me iban a fugar como una sílaba en un mal verso.
Si hubiera sabido que no llegaríamos a nuestro primer aniversario, que no volveríamos a transbordar en Pino Suárez, que Breaking Bad se tornaría un pasatiempo solitario.
Si hubiera sabido te habría besado largamente, con todo el amor que tengo, te hubiera dicho que nunca nadie me había dolido tanto, te hubiera llenado de perfume el suéter para que no me olvidaras, te habría enseñado todos los cuentos que te escribí, te hubiera regresado las sudaderas y los suéteres.
Si hubiera sabido que no habría más tú y yo, no te hubiera conocido, no te habría dicho hola ni te hubiera besado en el pasto de CU. Me hubiera conservado en una sola pieza, sin conocerte, sin besarte, sin este hubiera que hoy no soporto.
lunes, 20 de enero de 2014
Difícil
Qué difícil escuchar tu voz sin quebrarme, sin verte, sin saberte cerca.
Eres tan perfecto para mí que me dueles, me duele tu ausencia que forma un espejismo de confort.
Yo no quiero ese falso confort, yo te quiero a ti. Quiero a tus demonios, a tus pedazos rotos, quiero nuestro drama encubierto, los pequeños celos, la manera tierna en la que duermes.
No quiero Netflix ni Facebook ni Eduardo Galeano, te quiero a ti.
Nos quiero a nosotros.
sábado, 19 de octubre de 2013
De morir...
De todas las formas de morir, elegí amarte a la distancia.
viernes, 11 de octubre de 2013
Viernes
Hoy intuí la llegada inminente de una época difícil, te supe triste y enmudecí desde el gérmen de mis palabras.
Mi respuesta más cobarde e inmediata fue pensar en marcharme. Qué más daba si te enfrentabas sólo a ese abismo de días fotocopiados, no sería la primera vez y probablemente tampoco la última.
Luego se me ocurrió que podría impedir tu tristeza, que cortaría de tajo el fino hilo que te conecta al recuerdo de cuatro años perdidos con mis tijeras de encanto.
Finalmente llegaba la hora de separarnos. Me arranqué el corazón por si el tedio detenía los latidos del tuyo. Te besé poco. Me repetí que mañana sería otro día pero eso no alteraba la ola intempestiva.
Que me parta un rayo si alguna vez te dejo solo.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Miércoles
La distancia nos pesa y tú ceses que hablar sobre el futuro hará que se nos olvide el día extra separados.
A mí qué me importa si nos casamos en unos diez años o si podemos empezar a vernos entre semana en tres. Hoy te extraño y no estás. Y tampoco vas a estar mañana ni pasado.
Amar es esperar (?)
miércoles, 28 de agosto de 2013
Nota suelta.
Hoy me desperté cansada -últimamente me pasa mucho- y la cama me pareció absurdamente grande.
Sentí que la mitad de colchón que yo no ocupaba aún tenía tu silueta intacta. Más que sentirlo, me gustó pensarlo. Nunca has dormido en mi cama; ella sólo intuye tu aroma por las sudaderas con las que me paseo por la casa antes de dormir -pero ya en pijama-, esa ropa tuya que todavía lleva el roce de tu piel con la tela, impregnada en las mangas.
Me dobla el ánimo oler tu ropa.
Saber que tú también usaste esa prenda y que si yo la uso, podría ser que tu fantasma entre en mí y me consuma. Que me posea y queme mis apuntes y empaque mis cosas y me lleve hasta ti.
Sí, tener ropa tuya resulta contraproducente la mayoría del tiempo.
domingo, 25 de agosto de 2013
La magia del pluscuamperfecto
¿Conoces el pluscumperfecto del subjuntivo?
Es un tiempo verbal, para no enredarte -y porque en realidad no es muy complicado- lo resumo en el hubiera. Es pluscuamperfecto por que es más que perfecto -las suposiciones hipotéticas siempre lo son- desde su raíz: plus quam perfectum.
Ese tiempo verbal es tan bello que hay filósofos que dedican ensayos a él, a explicarlo, a engrandecerlo, a explicar cómo y por qué nos hace felices al mismo tiempo que nos destruye.
Yo sé que tú eres mi pluscuamperfecto.
Lo sé porque soy como una inválida -que el Teletón me perdone por tal paralelismo- que supone cómo serían las cosas si la extremidad perdida volviera.
Vivo creando situaciones hipotéticas sobre cómo sería si estuvieras ahí, conmigo. Me imagino qué dirías, el volumen de tu risa, tus respuestas camino a casa. Pero, igual que un inválido, sé que si estuvieras conmigo probablemente las cosas cambiarían drásticamente y se hace imposible.
Eres mi pluscuamperfecto, el fantasma que puebla los instantes con recuerdos, con suposiciones.
Eres la posibilidad infinita de un tiempo tangente al que vivo, de una versión diferente de mí misma.
Te amo porque nunca estás ausente a pesar de los kilómetros que nos separan los días hábiles de la semana. Te encuentras eternamente abrazado a mi vida que ya no es sin ti.
Duermo como si te hubieras quedado conmigo, despierto extrañándote como si te hubieras ido a la escuela antes que yo -y por pura educación, no me hubieras despertado-, pero eso sí, y que te quede claro, vivo proyectando un futuro, como si ya nos hubiéramos casado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)