domingo, 11 de agosto de 2013

El miedo

*Todo esto lo pensé bajó los influjos de esta canción:  http://tinyurl.com/mlvvkay 


A veces pienso que no puedo amarte.
Es decir, que puedo como cualquier humano puede hacerlo pero según mi lógica -difícilmente sustentable- no puede ser verdad que lo esté haciendo.

Para empezar, supongo que toda persona tiene una noción del amor aprehendida primordialmente por el ejemplo inmediato que dan los padres durante la infancia del sujeto. En mi caso, mis papás fueron la pareja mielsobrehojuelas, al menos eso recuerdo de cuando era niña. Fueron de esos matrimonios eternamente iluminados por la felicidad del enamoramiento, sí, peleaban de vez en cuando, pero nunca en serio, al menos no enfrente de mí. -Claro que luego supe que sí hubieron peleas fuertes pero mi cualidad de dormir como piedra impidió que me enterara.- Hasta ahí vamos bien, ¿no? 

Bueno, luego vino el 2009, el año más largo de mi vida, el año que duró cuatro años. Un año por reconciliación, un año por separación. Y yo nunca he sabido qué pensar, sé que el amor se acaba. Lo supe entonces. Me di cuenta que en los cuentos de hadas el antagonista no siempre es una persona ajena a la pareja de enamorados, a veces los enamorados también son los malos. Aprendí que la infidelidad más grande que existe es dormir con los problemas irresolutos de casi veintitrés años. 

En cuatro años desaprendí todo lo bonito que creí saber del amor. Me llené de contradicciones y de relaciones disfuncionales, de promiscuidad y de más contradicciones. 

Si el amor era encontrar puntos en común para construir una vida juntos -juntos pero no pegados- no entendía por qué de un día para otro todo eso podía volverse materia inestable. Aún no lo entiendo y me aferro a la idea de que cuando dos personas se amaron seriamente en algún punto de la vida simplemente nunca termina, sólo toma pausas dolorosas.

Llegaste tú y te quise, supe que el deporte más extremo -excluyendo ser artista freelance- era sentir que sólo eres completo cuando una persona que está a más de sesenta kilómetros te abraza. Luego, quizá muy pronto, te amé. Te amé y tuve miedo a tu rechazo y a la posterior búsqueda de alguien que fuera una extensión de ti, a la búsqueda que consumió los cuatro años del 2009 y toda mi autoestima. Pero no fue una búsqueda de ti, fue del trauma de esa edad difícil. Miento, quizá sí te buscaba a ti.

Entonces, a poco más de tres meses de encontrarte choco contra el miedo. Temo no saber realmente qué es amor, no saber si realmente te amo, por lo tanto. Estoy aterrada y me hago chiquita cada vez que dices que me amas, ¿tú sí sabes qué es amar? Temo porque sé que amar es escuchar tu voz acabado de levantar -aunque sea por teléfono-, es hundirme en los cosmos que tienes por ojos y saber que yo nací ahí, es obviar el hecho de que el mejor perfume es desprendido por tu piel desnuda estremecida por mi tacto, es dibujar un futuro entre el dedo chiquito de tu pie y tu alma.

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