¿Conoces el pluscumperfecto del subjuntivo?
Es un tiempo verbal, para no enredarte -y porque en realidad no es muy complicado- lo resumo en el hubiera. Es pluscuamperfecto por que es más que perfecto -las suposiciones hipotéticas siempre lo son- desde su raíz: plus quam perfectum.
Ese tiempo verbal es tan bello que hay filósofos que dedican ensayos a él, a explicarlo, a engrandecerlo, a explicar cómo y por qué nos hace felices al mismo tiempo que nos destruye.
Yo sé que tú eres mi pluscuamperfecto.
Lo sé porque soy como una inválida -que el Teletón me perdone por tal paralelismo- que supone cómo serían las cosas si la extremidad perdida volviera.
Vivo creando situaciones hipotéticas sobre cómo sería si estuvieras ahí, conmigo. Me imagino qué dirías, el volumen de tu risa, tus respuestas camino a casa. Pero, igual que un inválido, sé que si estuvieras conmigo probablemente las cosas cambiarían drásticamente y se hace imposible.
Eres mi pluscuamperfecto, el fantasma que puebla los instantes con recuerdos, con suposiciones.
Eres la posibilidad infinita de un tiempo tangente al que vivo, de una versión diferente de mí misma.
Te amo porque nunca estás ausente a pesar de los kilómetros que nos separan los días hábiles de la semana. Te encuentras eternamente abrazado a mi vida que ya no es sin ti.
Duermo como si te hubieras quedado conmigo, despierto extrañándote como si te hubieras ido a la escuela antes que yo -y por pura educación, no me hubieras despertado-, pero eso sí, y que te quede claro, vivo proyectando un futuro, como si ya nos hubiéramos casado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario