viernes, 23 de agosto de 2013

Ese sentimiento de viernes por la tarde


Parezco alma llevada por las aguas del Aqueronte los viernes en la tarde, cuando salgo de la escuela y me subo a un camión lleno de solitarios, el estruendo silente de un autobús plagado de extraños me fastidia. 

Llego a casa y espero encontrarte. Ojalá, pienso, todo este día haya sido una elaborada mentira, ojalá ni siquiera esté allá. 
Pero no. 
Mi casa está llena de nombres vacíos, de fantasmas que se pasean con el cigarro encendido por cada cuarto.

Tú eres uno de ellos.

Quizá no debería ponerme tan dramática.
Sé que siempre llegas varias horas después de lo planeado y no debería vivir exclusivamente esperando tu llegada. 
Tendría que ponerme a trabajar, joderme más la vista leyendo cosas que no interesan, seguirme ganando la beca que siempre me gasto en ti... Corrijo, en nosotros.

Pero tú no sabes de ese sentimiento del viernes por la tarde.
Es como un nudo sensible que quema al mismo tiempo que revolotea, baila entre las paredes lacrimosas de las entrañas. 
Y fumo por no llorar y digo que te extraño por no decir que me haces mal. 
Sí, me haces mal los viernes por la tarde.

¿Para qué dices que volverás hoy y me pones nubes bajo los pies y urgencia en el reloj?
¿Para qué?

Ojalá tuviera el valor de prenderle fuego a mis libros, pedir el reembolso de mi colegiatura, empacar mis cosas, irme contigo.

Pero no puedo, ni siquiera sé si quiero. 
Me invade una especie de valeverguismo que nunca imaginé tener hacia ti, pero a veces ya no puedo. A veces desearía no haberte conocido y seguir mi vida sabiendo que nadie me va a llamar y dejarme de circos. Pero te conocí y por ello pago un impuesto revolucionario que me rebasa.

Tal vez sólo sea el sentimiento de viernes por la tarde que me embarga cuando no estás.


No hay comentarios:

Publicar un comentario