viernes, 11 de octubre de 2013

Viernes

Hoy intuí la llegada inminente de una época difícil, te supe triste y enmudecí desde el gérmen de mis palabras. Mi respuesta más cobarde e inmediata fue pensar en marcharme. Qué más daba si te enfrentabas sólo a ese abismo de días fotocopiados, no sería la primera vez y probablemente tampoco la última. Luego se me ocurrió que podría impedir tu tristeza, que cortaría de tajo el fino hilo que te conecta al recuerdo de cuatro años perdidos con mis tijeras de encanto. Finalmente llegaba la hora de separarnos. Me arranqué el corazón por si el tedio detenía los latidos del tuyo. Te besé poco. Me repetí que mañana sería otro día pero eso no alteraba la ola intempestiva. Que me parta un rayo si alguna vez te dejo solo.

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